Con alma y corazón

Goes derrotó a Aguada en cifras de 76 a 67 y se quedó con el primer clásico de la temporada. El Misionero, que siempre estuvo al frente en el marcador, jugó un partido tremendo en defensa y lo supo cerrar con jerarquía para hacer delirar a todo el pueblo goense.

 

¡Qué noche memorable la que vivimos ayer! Una victoria contundente, clara, trabajada. Difícil de prever, incluso, si se tenía en cuenta la magnitud del plantel que armó el tradicional rival para esta Liga Uruguaya y que lo ponen como uno de los favoritos a llevarse el título. Lo cierto es que Aguada también partía con ventaja para llevarse el clásico y Goes llegaba con un camino irregular durante esta primera etapa del torneo. En lo deportivo, la cosa estaba realmente difícil.

Anoche nada de eso valió. Los de Gustavo Reig entendieron que la victoria se conseguía desde la defensa y la misión durante toda la noche fue, principalmente, no permitir la rotación de balón de los perimetrales rivales ni los tiros a pie firme sin respuesta. En ese contexto, solo el norteamericano Davis pudo, por momentos, con la asfixiante defensa misionera. Por lo demás, el plan salió casi a la perfección.

En la ofensiva, la dupla que forman Jarred Shaw y Fernando Martínez volvió a ser insoportable desde el pick & roll. Además, ambos jugadores aparecieron con goles claves en momentos cerrados del partido. El “Enano”, capitán y emblema del equipo, tuvo un cierre fantástico y lleno de emoción para todos los hinchas. Hubo buenos aportes de Torres en el comienzo, Stocks en la conducción y Dellepiane dando minutos de calidad cuando le tocó ingresar. Borsellino y su clásica entrega no faltaron a la cita, mientras que Brause fue clave para frenar a Davis cuando el extranjero estaba en su mejor momento.

Sin embargo, los flashes se los volvió a llevar Martín Aguilera. El alero clavó un triple fundamental sobre el final del partido, cuando la bola era más pesada que nunca, que le permitió a Goes sacar una ventaja de seis unidades cuando quedaba un minuto y medio,  prácticamente obligando al rival a empezar a cortar cada vez que el Misionero tenía la pelota. Aguilera nuevamente se vistió de héroe en el final, cuando más se lo necesita.

Tras el triple, Aguada comenzó a cortar y Fernando Martínez no falló: la diferencia aumentaba, los segundos se iban, la hinchada festejaba y los jugadores no podían mantenerse concentrados. La victoria era una realidad y las ganas de festejar, todos juntos, eran incontenibles.

Goes se quedó con un nuevo clásico. Esta vez, jugando con el alma y el corazón. Adentro y afuera, de igual manera. El festejo final del plantel y el cuerpo técnico con la gente es algo que todos los Misioneros vamos a recordar por mucho tiempo.

¡Tranquilo El Goes!